"Las palabras son así, disimulan mucho, se van juntando unas con otras, parece como si no supieran adónde quieren ir, y , de pronto, por culpa de dos o tres, o cuatro que salen de repente, simples en si mismas, un pronombre personal, un adverbio, un verbo, un adjetivo, y ya tenemos ahí la conmoción ascendiendo irresistiblemente a la superficie de la piel y de los ojos, rompiendo la compostura de los sentimientos, a veces son los nervios que no pueden aguantar más, han soportado mucho, lo soportaron todo, era como si llevasen una armadura, decimos. La mujer del médico tiene nervios de acero, y resulta que también la mujer del médico está deshecha en lágrimas por obra de un pronombre personal, de un adverbio, de un verbo, de un adjetivo, meras categorias gramaticales, meros designativos, como lo están igualmente las dos mujeres, las otras, pronombres indefinidos, también ellos llorosos, que se abrazan a la de la oración completa, tres gracias desnudas bajo la lluvia que cae..."
José Saramago, Ensayo sobre la ceguera.
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jueves, 24 de julio de 2014
jueves, 8 de noviembre de 2012
Yo, robot
Lo acabo de terminar, aquí en la AEAT. Sé que a pesar de tener pocas páginas (unas 380) he tardado bastante en leerlo. Puede que haya sido porque contener 8 o 9 relatos independientes cada vez que empezaba el que venía a continuación era como abrir un libro nuevo, con el consecuente desapego que se tiene al comenzar un libro que cae en nuestras manos por primera vez. Pensándolo bien, he de reconocer que lo que acabo de escribir no es más que una soberana excusa; en la Saga de la Fundación los protagonistas y situaciones variaban por el inexorable paso del tiempo en la trilogía, necesario para lo que Asimov trataba de contar. Puede que haya estado en mi mesita más de la cuenta por leerlo con detenimiento, disfrutando cada pagina. O simplemente que no le he dedicado lo debido para que hubiera continuidad en la lectura, y por ende me creara adicción.
Alex Proyas dirigió una película en 2004 de título homónimo pero que poco tenía que ver con algún relato del gran escritor de ciencia ficción. Algo de su obra había, como las famosas Leyes de la Robótica o el cameo de la Doctora Calvin, protagonista en cada cuento de este libro, pero en lo referido al guión, nada, o casi nada. Recuerdo un guiño: casi al final de la película, hay un diálogo de la propia doctora conversando con el robot (del que tanto desconfía Will Smith) donde la máquina le comenta que había tenido un sueño en el que veía a un hombre que gritaba "¡Deja libre a mi gente!"; cuando la doctora le pregunta quien era el hombre el robot contesta: "Yo era el hombre". Escalofríante, ¿verdad? Éste diálogo está inspirado en el relato "Sueños de robot", ausente en el libro que acontece.
Para dilucidar el nivel de este libro es obligatorio observar desde una perspectiva global, ateniéndose al conjunto de historias que cuenta. Describe el funcionamiento de la sociedad y el impacto en ella por la llegada y el avance de los robots. Desde el nacimiento del primer robot súper nanny, que no hablaba y apenas servía en las labores del hogar, Asimov enlaza cuentos que crecen en complejidad y que son independientes entre sí (es habitual entre sus lectores leer relatos sueltos), pero que en realidad siguen siendo el mismo, con idéntica estructura, hasta llegar a maquinas inteligentes que organizan y de las que dependen la humanidad. Como he mencionado, el planteamiento es esquemático, cada relato es semejante al resto; en todos el nudo de la historia se provoca por una incoherencia, una contradicción a resolver en alguna de las tres leyes de la robótica que él mismo inventó (1- un robot no puede hacer daño a un humano ni permitir por inacción que sufra, 2- un robot debe obedecer a un humano siempre que no incumpla la primera ley, 3- un robot debe cuidarse a si mismo siempre que no incumpla ninguna de las dos primeras leyes, tirando de memoria). Sin duda son icónicas de su vida profesional.
En este compendio de geniales y, por qué no, futuros problemas a los que tendrán que enfrentarse nuestros sucesores, podremos encontrarnos robots que mienten por no hacer daño, que se pierden concienzudamente por una orden mal enunciada o robots cuyo cerebro positrónico controla naves e industrias. Un libro delicado, donde lo frío no es el metal, sino la carne, donde se insinuan preguntas filosóficas, batallas de la evolución. En el que el lector se pregunta, cuando menos se lo espera, qué ser merece más la vida.
jueves, 1 de noviembre de 2012
La montaña mágica
No sé cómo plantear este comentario sobre La montaña mágica de Thomas Mann porque es fácil que desvele quizá parte del argumento de la novela y no me gustaría. Intentaré ir escribiendo según me vayan viniendo ideas y sensaciones sobre su lectura a la cabeza y luego haré un repaso para eliminar cualquier alusión importante a la trama cuando sea posible sin restar coherencia al resto del escrito. Así que es bastante probable que todo me quede bastante artificial, forzado y soso.
Si alguien me preguntara si le aconsejo leer este libro o si me ha gustado le diría que sí, pero: se me ha hecho (bastante) largo, a ratos interesante, a ratos ligero, a ratos denso y a ratos (ratos bastante largos) muy pesado, por no decir un coñazo. Nada más terminarlo no sentí la pena que me suele dar, como la que se siente ante una despedida, cuando acabo un libro especialmente si me ha gustado mucho o si es muy largo y he pasado mucho tiempo leyéndolo. Me gusta más una vez tengo la idea total en la cabeza, han pasado unos pocos días y he podido pensar en él globalmente, así que tengo la sensación de que me ha gustado pero que no lo he disfrutado. ¿Se me entiende?
Y ahora es cuando viene la parte en que escribiré sobre el libro en sí y tendré que repasar y mutilar después.
| Thomas Mann. By Nobel Foundation [Public domain], via Wikimedia Commons |
Y ahora es cuando viene la parte en que escribiré sobre el libro en sí y tendré que repasar y mutilar después.
miércoles, 17 de octubre de 2012
Moby Dick
Desde pequeño me había resistido no sólo a leer Moby Dick sino a la historia en si. No leí la novela ni ví la película, ni siquiera llegué a abrir una adaptación para niños que me regalaron pese a que durante mi infancia y mi adolescencia leí y releí todos los libros que estaban en mi habitación. Excepto ese. Estaba convencido de que no me iba a gustar y que, aunque tarde o temprano habría que hacerlo, tenía que dejarlo para más adelante. Conocía el argumento, o eso pensaba yo, a grandes rasgos, ¿y quién no?, el relato de la caza de una ballena blanca. Una aventura en el mar a bordo de un barco. No, no me atraía, y no sé por qué motivo porque de hecho mi libro favorito es La isla del tesoro. Sabía el nombre del protagonista, o el que yo pensaba que sería el protagonista, el capitán Ahab, al que aún hoy sigo viendo con la cara de Gregory Peck, seguramente porque alguna vez ví el anuncio de la película en la televisión, y que había perdido su pierna en un anterior intento de dar caza a Moby Dick; sabía que el libro estaba narrado en primera persona por un marinero, Ismael: "Llamadme Ismael..." reza el conocido principio, no es tan universal como "En un lugar de la Mancha..." pero también forma parte de la cultura popular y de lo que yo sabía de este libro, tampoco sé cómo, probablemente una pregunta de Trivial. El nombre del barco, el Pequod, ¿cómo había llegado ese nombre a mi cabeza?, tengo que remitirme de nuevo al Trivial porque si no, no lo entiendo. Compré el libro hace pocos años, el momento se acerca, pensé, y hasta ahora ha estado dando tumbos en las diversas mudanzas por las que he pasado. Hasta que, decidido, lo cogí de la estantería y lo metí en la mochila.
lunes, 27 de agosto de 2012
Los renglones torcidos de Dios
A mediados de julio, como sabes, acabé Los renglones torcidos de Dios (¿mayúscula?), de Torcuato Luca de Tena. Te detallo unas pinceladas de mis sensaciones, ya que es de los pocos libros que he leído recientemente que tú aún no has tenido en tus manos. Algo inusual.
Una detective (Alice Gould) que afirma investigar un crimen, se introduce en un psiquiátrico haciéndose pasar por una psicópata con el fin de solucionar tal enigma, y por los derroteros de la salud mental dejarán al lector, a medida que avanza la novela, con la duda de que es lo veraz dentro de la mente de la protagonista. Este es el argumento a groso modo, para más info Wikipedia al rescate.
Podría parecer un argumento algo trillado (¿y cuál no lo está a estas alturas?), principalmente por dos películas hollywoodienses que encarnan una trama bastante similar: Alguien voló sobre el nido del cuco y Shutter Island; mas si bien pueden parecerse si explicamos la historia en pocas líneas, poco tienen que ver en su forma.
Los renglones torcidos de Dios es una novela en dirección clara hacia las miserias del ser, desde una perspectiva humanista. Lo elogiable en sí de la narración es su capacidad para hacernos compadecer o sentir admiración por los enfermos del centro sanitario, siendo partícipes de cuantiosos cuadros clínicos de la psico humana, de su débil rectitud. En este sentido, poco importan otros aspectos; el objeto de si el crimen se resuelve o no queda relegado a un segundo plano desde el comienzo de la misma.
Como antagonista de Alice aparece el director del centro, señalado como un progresista por sus colegas por sus nuevos métodos hacia los pacientes. No quiero destriparte nada, y lo haré si continuo. Sólo indicar que denota cierta vinculación idealista del escritor hacia lo conservador, en ocasiones demasiado evidente.
Lo que podemos recoger de esta novela son los personajes, los enfermos en sí, de los que se impregna la protagonista como un pincel bañado en diferentes colores. Será lo que, en mi opinión, permanezca en nuestros pensamientos cuando alguien nos la recuerde en unos años. Unos personajes, con singulares guiños quijotescos, que no son más de una sociedad que el reflejo de la faltas de ortografía del creador, aquellos renglones torcidos de Dios.
sábado, 19 de mayo de 2012
El ocho y las novelas históricas eclesiásticas
- Tras una serie larga de lectura de libros que me han gustado, me he topado con un tocho que pese a sus 900 paginas probablemente me acabe entreteniendo y me lo lea rapido pero que no puedo calificar mas que de mojon. Lo tenia en casa desde hace bastante tiempo porque me lo habia regalado mi hermana y desde el momento en que lo vi le puse la cruz, sabia que era un mojon de esos de los que sacan en navidad y ponen a 23.95 euros a la entrada de los centros comerciales y se convieren en exito de ventas y en la portada del libro aparece la inscripción "la ultima novela del autor de elmojonanteriorqueescribioeltioperoquetambiensehartodevender".
El libro se llama El Ocho y es del estilo del Codigo da Vinci y todas esas porquerias que se pusieron de moda hace unos años. por supuesto mezcla hechos del pasado con hechos actuales, la iglesia está por medio, hay un objeto antiguo que buscar (un ajedrez), la busqueda lleva a los protagonistas a varias ciudades del mundo, a la protagonista le lee el futuro una pitonisa que le cuenta un galimatías ininteligible pero que luego irá cuadrando palabra por palabra con el misterio que hay que resolver, etc.
Yo ya sospechaba que iba a ser así y en las 100 primeras páginas mis sospechas se han confirmado. he estado a punto de no empezarlo, de hecho durante un día viajó en mi mochila pero preferí ver el paisaje a través de la ventana del autobús a comenzar la lectura, pero finalmente me he obligado, he borrado de mi mente el pensamiento de que este libro me hará perder unas dos semanas en las que podría leer algo de provecho, incluso he borrado la tentación de dejarlo olvidado en el asiento del bus para que lo encuentre alguien que lo pueda disfrutar más que yo, pero bueno, al fin y al cabo me lo regaló mi hermana con la mejor de las intenciones y más de una vez me ha preguntado si me lo he leído. Por suerte tenemos mucha confianza y sé que no se enfadará cuando le diga que era un mojoncillo de libro y por suerte no me regaló la edición navideña sino la edición de bolsillo, unos 5 euros, supongo.
... Una hora después ...
- Jajajajajjaja. Yo me lo leí con 17 o 18 años, cuando devoraba libros de novela histórica eclesiásticos tipo thriller. Acabe tan cansado de lo mismo que me prometí no volver a coger ninguno en muuuuuuuchos años, y aún sigo.
Hace un par de años la misma autora sacó la continuación, se llama "el fuego" o algo así. Se ve que le gustan los títulos escuetos.
De todas las novelas similares que leí, la que más me gustó fue "el último catón", de Matilde Asensi. Aprende uno mucho de "la divina comedia" en ese libro.
El libro se llama El Ocho y es del estilo del Codigo da Vinci y todas esas porquerias que se pusieron de moda hace unos años. por supuesto mezcla hechos del pasado con hechos actuales, la iglesia está por medio, hay un objeto antiguo que buscar (un ajedrez), la busqueda lleva a los protagonistas a varias ciudades del mundo, a la protagonista le lee el futuro una pitonisa que le cuenta un galimatías ininteligible pero que luego irá cuadrando palabra por palabra con el misterio que hay que resolver, etc.
Yo ya sospechaba que iba a ser así y en las 100 primeras páginas mis sospechas se han confirmado. he estado a punto de no empezarlo, de hecho durante un día viajó en mi mochila pero preferí ver el paisaje a través de la ventana del autobús a comenzar la lectura, pero finalmente me he obligado, he borrado de mi mente el pensamiento de que este libro me hará perder unas dos semanas en las que podría leer algo de provecho, incluso he borrado la tentación de dejarlo olvidado en el asiento del bus para que lo encuentre alguien que lo pueda disfrutar más que yo, pero bueno, al fin y al cabo me lo regaló mi hermana con la mejor de las intenciones y más de una vez me ha preguntado si me lo he leído. Por suerte tenemos mucha confianza y sé que no se enfadará cuando le diga que era un mojoncillo de libro y por suerte no me regaló la edición navideña sino la edición de bolsillo, unos 5 euros, supongo.
... Una hora después ...
- Jajajajajjaja. Yo me lo leí con 17 o 18 años, cuando devoraba libros de novela histórica eclesiásticos tipo thriller. Acabe tan cansado de lo mismo que me prometí no volver a coger ninguno en muuuuuuuchos años, y aún sigo.
Hace un par de años la misma autora sacó la continuación, se llama "el fuego" o algo así. Se ve que le gustan los títulos escuetos.
De todas las novelas similares que leí, la que más me gustó fue "el último catón", de Matilde Asensi. Aprende uno mucho de "la divina comedia" en ese libro.
Caín y José
| Imagen tomada de Wikimedia Commons http://commons.wikimedia.org/wiki/File%3AJSJoseSaramago.jpg [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0) |
Bueno, que me desvío. El primer libro de Saramago que leí fue "El Evangelio según Jesucristo", hace bastante ya de esto, durante mi adolescencia, y lo leí simplemente porque lo encontré en la estantería de mi casa y en ese tiempo leía todo lo que pillaba, casi como en todas las etapas de mi vida, vaya. Aún no conocía a Saramago, no lo busqué. La encuadernación del libro, si no me falla la memoria y no se mezclan las imágenes con otras que hayan poblado las estanterías de la casa de mis padres, era amarilla y bajo el título estaba dibujado el Hombre de Vitrubio. No puedo decir que su lectura me impactara o que significara un antes y un después en mi vida o en mi manera de ver o sentir la religión, ni siquiera puedo decir que fuera el principio de mi admiración por su autor. No. Y esto es así porque sinceramente apenas me acuerdo de qué iba. ¡Claro!, iba de Jesucristo, contaba su vida desde otro punto de vista, humanizándolo, como si fuera la historia de un hombre y no de un Hombre. Su madre no era virgen, él tampoco murió sin probar la carne, cometió algún que otro pecado propio del común de los mortales,... pero realmente no recuerdo el argumento. Si Saramago lo describe como un falso profeta o como un loco o como un revolucionario. Así que este Evangelio no logró "convertirme".
Luego le dieron el Nobel, en 1998, y como es normal en estos casos, su popularidad subió como la espuma y a mí ya empezaron a rondarme en la cabeza títulos como "Ensayo sobre la ceguera" o "Todos los nombres". Me llamaban muchísimo la atención. Qué títulos tan curiosos. Y Saramago empezó a salir en la tele de vez en cuando. Y a mi me iban pareciendo interesantes las cosas que decía este hombre y cómo las decía. Pero tenía tanto que estudiar y tanto por leer en esa época que a la hora de elegir en la biblioteca siempre me decantaba por otros. "El guardián entre el centeno", "American psycho", "El señor de las moscas",... Miguel Delibes, Antonio Muñoz Molina, Eduardo Mendoza,... Hasta que bastantes años después, en 2007, la Junta de Andalucía le concedió el título de Hijo Predilecto, y ahí estaba yo, el Día de Andalucía viendo en Canal Sur la gala de entrega de las Medallas de Andalucía cuando sale este hombre, con 85 años, y se inventa sobre la marcha un discurso de 20 minutos en una lengua que no es la suya. Habla de Andalucía, de los otros galardonados, de los problemas de Europa (aún no había estallado la crisis), de su mujer, de su familia política, se le cae la medalla al suelo y suelta un chascarrillo...
¡Ya está bien! Tengo que leer algo suyo cuanto antes. Y así es como fui corriendo como un loco a por "Las intermitencias de la muerte". Y no me decepcionó. Después vineron "Todos los nombres", "Ensayo sobre la lucidez",... Y me encantaron todos. Lo que más me fascina no son las historias que cuenta, que también, sino cómo las cuenta. Mientras estás leyendo sientes algo especial, percibes que la persona que ha escrito esas palabras debe de ser muy inteligente, un genio. Es como cuando deducen el enorme coeficiente intelectual de Goethe o Kant o Newton o Gauss a partir del análisis de sus obras. Con Saramago se podría hacer lo mismo y estoy seguro que el resultado estaría a la altura del de los anteriores. Con pocos, muy pocos autores, o ninguno, he tenido una sensación similar. Cada libro es una historia, la muerte deja de matar, un funcionario aburrido busca a una mujer, en un país todos se quedan ciegos, la Península Ibérica se separa de Europa,... lo que sea, historias más o menos sencillas, tampoco es para tanto, pero la historia no es más que una excusa para transmitirte o llevarte hacia un pensamiento, o a una forma de ver las cosas, o mejor aún, para hacerte pensar a tí. Y las palabras que emplea, su prosa, su estilo, son el vehículo que transporta esas ideas hacia tu mente. Porque la misma historia contada por otro cualquiera o de otra manera sería mucho más simple, la muerte deja de matar, un funcionario aburrido busca una mujer, en un país todos se quedan ciegos, la Península Ibérica se separa de Europa,... y nada más. Así que leer a José Saramago implica una doble dimensión de la lectura, no sólo estás leyendo sino que al mismo tiempo tu cerebro, en un proceso paralelo, está reflexionando, creando nuevas ideas, recolocando los muebles, aprendiendo desde dentro, porque la lección o la doctrina no está en el libro, en el libro está la semilla necesaria para que ese conocimiento surja de tu interior. A la manera en que Sócrates enseñaba a sus discípulos, Saramago no trata de adoctrinar, sino de hacer pensar. Sus libros son clases de filosofía. Como consecuencia de esta doble actividad cerebral a veces aparece el agotamiento. Reconozco que hay páginas y pasajes que, por densos, por la desenfrenada actividad de mis neuronas, me agotan, se me hacen pesados y tengo que parar al menos un rato. Como cuando estás estudiando. Especialmente cuando se acumulan las paginas sin que aparezcan el fino humor o la ironía con las que a menudo parece que trata de quitar hierro al asunto tratado. O de dar un respiro al lector. Pero el "esfuerzo" merece la pena, hay una doble recompensa, el placer de la lectura es la primera e inmediata y es el camino hacia la segunda y más importante, conocer un poco más de ti mismo y del mundo que te rodea.
Yo pretendía hablar sobre "Caín", el último libro de José Saramago y el último que me he leido, pero creo que me he pasado con la "introducción" así que lo dejaré para otro día. Mientras ese día llega, no dejo de recomendar su lectura porque "Qué diablo de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín".
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