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martes, 24 de febrero de 2015

Feast, festival de emociones en menos de siete minutos

 
 
 
Llevaba tiempo hablando del corto que vi el pasado 23 de diciembre, recuerdo bien la fecha porque te envié a ti, un día después, un mail contándote que había vivido una primera experiencia. Había ido solo a ver Big Hero 6 al cine (ganadora antes de ayer del Oscar a mejor película de animación), y al entrar en la sala cuál fue mi sorpresa que las dos chicas que estaban en dentro se salieron antes de que empezaran los anuncios de publicidad, antes, sacrilegio, de recibir el pequeño regalo que Pixar nos ofrece habitualmente antes de emitir la propia película, su corto de animación. Sentirían miedo, supongo. Así pues me encontraba en la sala doblemente solo, algo que no importa un carajo en el post que estoy escribiendo pero que ayuda a que tú también hagas memoria y relaciones que te hablé en algún momento de esta última navidad de dicho corto, Feast, Buenas Migas en la traducción al español. Oscar al mejor corto de animación. 
 
Es difícil tener acceso a los cortos, sean de lo que sean, de animación, nacionales o documentales. Difícil probablemente porque las distribuidoras ponen más trabas que ayuda, ganas, no vale la excusa de que no hay cultura de cortos, que estamos más acostumbrados a los largometrajes. Si no hay cultura de cortos se hace, se trabaja. Se coge algún mes previo a la celebración de los Goya, Cesar, Oscar, Bafta, que ya se sabe quienes serán los nominados, y se promueven en las salas de cine proyecciones de cortos gratuitas. O se cuelgan en la red con acceso público durante un determinado número de días, o en tv, qué sé yo, que no entiendo cómo actúa la industria cinematográfica, que por otro lado me pregunto cómo puede estar perdiendo el filón de los cortos y no hacer dinero, y no hacer nada. Algo. A poco que hagan será más que la pérdida de obra cultural que se va al garete cada año, pues a cualquier ciudadano le será inaccesible, por mucho que busque formas, ver algún cortometraje de los que aparecen nominados en los grandes certámenes del cine internacional. Seguramente sea más beneficioso facilitar el visionado a la mayoría de la población que todo ese trabajo se vaya al traste. En muchas ocasiones verdaderas maravillas, más originales, arriesgadas y brillantes que sus hermanos mayores en duración.  
 
A todo esto, que me se me va el tema, te dejo el enlace aquí para que puedas, si tienes siete minutos, menos de siete minutos, disfrutar de lo bueno de los cortos, en un plis plas te emocionan, te hacen volar, caer, reír, sentir y llorar. Eso es Feast, que nos cuenta, a través de los ojos de un animal, cómo evoluciona la vida de su dueño.
 
 
 
 
 

lunes, 23 de febrero de 2015

Boyhood, Birdman. Originalidad, genialidad.


 
Vaya por delante que adoro ambas películas, sobre todo por el riesgo que asumieron, y que el título del post no vincula estrictamente a cada una con el término que viene seguido del punto y seguido, valga la redundancia. Ayer transcurrió la gala de los Oscars número 87 y he de decir que estoy de enhorabuena, por los resultados y por las nominadas en sí, que el cine en general está de enhorabuena, este año ha venido cargado de cintas de calidad, diferentes, casi de autor, si puede utilizarse esa expresión en las alturas donde se mueve Hollywood, y que, sin alargarme por falta de tiempo, voy a expresar pequeñas diferencias que pueden haber entre las dos claras favoritas para alzarse con el Oscar más importante de la noche, a la postre obtenido por Birdman.
 
Es curioso como cada año nos llegan películas, ya sabemos, de acción, tiros, fuego, derrapes, amor, simulaciones de comedia que no hacen reír ni al más absurdo de los mortales, simulaciones de terror que no hacen gritar ni al fan más acérrimo de Auryn, y un largo etcétera de films que ya sabemos de antemano qué nos van a contar y cómo nos lo van a contar. Digo que es curioso porque en este acabado 2014, justo en el mismo año, se emitieron dos películas que rompían los esquemas narrativos a los que estamos acostumbrados, que innovaban, ofrecían al espectador una oportunidad de pagar los tropecientos euros que vale una entrada de cine y quedara sorprendido por lo que tenía ante sus ojos. Novedades a la hora de la filmación, una porque se tomaba 12 años (reales) grabando metraje y la otra porque quería llevar a cabo que su metraje final fuera en un único plano secuencia, una toma emitida del tirón, sin cortes. Y además de eso eran buenas, serias, realizadas con cuidado. Porque uno puedo tener una idea revolucionaria pero luego no saber plasmarla. Doy por hecho que si estás leyendo esto conoces ambas películas, no porque vaya a soltar spoilers, sino porque no voy a resumir el argumento de cada película. Ya me estoy alargando demasiado.
 
Decía lo de plasmarlo. Bajo mi punto de vista hacer una película a lo largo de doce años, tomando pellizcos de una vida, robándole trocitos de alma a sus protagonistas, es una idea jodidamente espectacular. Si las películas se encargan de reflejar instantes y escenas de nuestra vida cotidiana, problemas que podamos tener o hayamos tenido, sentirnos identificados y emocionarnos ante la muestra en el espejo de algo que hemos sufrido, hacerlo durante doce años es regalarnos más de una década de esfuerzo, trabajo, sentimientos, y, repito, vida de una familia entera. Porque Boyhood es sinónimo de vida. Una vida (casi) entera para nosotros. Sin freno, caminamos agarrados a su mano y nos afligimos, con cada suceso que les ocurre, a esa familia que podía ser la nuestra. Un verdadero regalo al cine. Solo por lo que decía, por la ternura que nos despierta, la cercanía, la perspectiva de ver pasar el tiempo, de cómo nos afecta, de cómo nos erosiona y engaña, bien podría merecer Boyhood cualquier premio.
 
El problema es que coincidía con Birdman, la segunda en cuestión, la que fue rodada en un (falseado) único plano secuencia. Seguramente, y seguro dentro de mi aficionada opinión no hay nada, más cerradita que la anterior. Cerradita por los actores, por ejemplo. Las interpretaciones en Birdman son, todas, excepcionales. Keaton, Watts, Stone y para mí, el mejor, Norton, están de sobresaliente. No pueden compararse a Arquette, Hawke y a los niños de Boyhood. Son más viscerales, naturales, llenos de matices. Si hablamos ya de los aspectos técnicos, si pensamos en ello, es precisamente donde más ventaja saca Birdman. Su fotografía y, cómo no, la ejecución de la idea del plano secuencia es perfecta. Acaso no es más difícil realizar una película con tanta precisión que simule la vida durante un par de horas, porque Birdman es eso, una obra de teatro dentro de otra obra de teatro, una rendija que nos permite observar las tropelías que la vida le atiza a su protagonista, o es que acaso no es, decía, más complejo ensartar cada pieza para que encaje y nos embauque que realizar una película a lo largo de doce años. Para mí sí lo es, pero no solo es eso, el cine son sensaciones y me pudo más la sensación placentera de estar ante algo ináudito, siendo tan novedosa Birdman como Boyhood, disfruté más viendo el purgatorio por el que atraviesa nuestro tragi-comediante protagonista.
 
En Boyhood, gracias a Mason, nos hacemos dueños de partes del tiempo durante algo más de una década. Coleccionamos fotos, recuerdos, vivencias. En Birdman somos el tiempo: vigilante, inerte, sigiloso y atento a los vaivenes de la miserable vida de Riggan. A igualdad de ideas el mismo aroma fresco inmerso de originalidad, la diferencia radica especialmente en la genialidad; la genialidad de Iñárritu. Gracias Alejandro.
 

martes, 14 de octubre de 2014

Her (Spike Jonze, 2013)

 
 
 
"- Sabes, a veces siento que ya he sentido todo lo que voy a sentir jamás. Y de aquí en adelante nunca voy a sentir algo nuevo. Solo versiones más pequeñas de lo que ya he sentido.
- Sé que eso no es verdad. Te he visto sentir. Te he visto maravillarte de las cosas. Digo, puede que no lo puedas ver en este momento. Pero es entendible. Has pasado por mucho últimamente. Perdiste una parte de ti mismo. Digo, al menos tus sentimientos son reales."
 
"- ¿Cómo compartes tú vida con alguien?
- Nosotros crecimos juntos. Solía leer todo lo que escribía en su maestría y doctorado. Ella leía cada palabra que yo había escrito. Nos influenciábamos el uno al otro.
- ¿Y en que la influenciabas a ella?
- Ella venía de un lugar donde nada era lo suficientemente bueno. Y era algo que la afectaba mucho. Pero en nuestra casa juntos, había una sensación de intentar cosas, y permitirnos fallar y emocionarnos por las cosas. Era algo liberador para ella. Era emocionante verla crecer... ambos crecimos y cambiamos juntos. Pero, esa es la parte difícil... crecer sin distanciarse. O cambiar sin asustar a la otra persona. A veces todavía tengo conversaciones con ella en mi mente. Repasando viejos argumentos o defendiéndome de algo que dijo sobre mí."
 
"- El pasado es solo una historia que nos contamos a nosotros."
 
"- Sabes que puedo sentir el miedo que cargas. Y desearía que hubiera algo que pudiera hacer para ayudarte a librarte de él, porque si pudieras, ya no te sentirías tan solo."
 
"Querida Catherine. He estado sentado aquí pensando en todas las cosas por las que quiero disculparme. Todo el dolor que nos causamos mutuamente. De todo por lo que te culpé. Todo lo que necesitaba que fueras o dijeras. Lamento eso. Siempre te amaré por qué crecimos juntos. Y me ayudaste a ser quien soy. Solo quería que supieras que siempre habrá una parte de ti dentro de mí. Y estoy agradecido por eso. En quien sea que te conviertas y donde sea que te encuentres en el mundo te envió mi amor. Eres mi amiga hasta el final. Con amor, Theodore. Enviar."

martes, 16 de octubre de 2012

Lo Imposible, promoción y confusión

     En plenos impuestos no debería estar haciendo esto. Te detallo algunas impresiones de Lo Imposible.
     Lo primero es reiterar lo que me produce más urticaria: su éxito en taquilla nos recuerda el axioma de que muchísima gente ve Telecinco. Cuando fuimos el viernes a verla, iba con la mosca detrás de la oreja. Nos llamó M*** para decirnos que no había apenas entradas, que debíamos verla (íbamos seis) separados en tres grupos y bastante hacia adelante, y además que en las sesiones posteriores la sala estaba igual de repleta. Yo propuse posponer el plan, ir un día del espectador para rebajar el precio (y la compañía), pero nada; había que verla ese día sí o sí. El martillo de Telecinco ha hecho estupendamente su trabajo, al igual que con Tadeo Jones, record en salas de cine también.
   
     Todo esto que te digo uno encima lo critica con cierto cargo de conciencia. No sé si alegrarme de todos modos porque la gente vaya al cine, sea a lo que sea (Torrente), dado el estado crítico del cine español, subiéndome al carro de que el fin justifica los medios. Digamos que mi sensación es parecida a cuando se difundió la lectura masiva de El Código da Vinci. Que los borregos lean lo que sea, pero que al menos lean algo.

     Dicho esto, empecemos por algunos, pocos, puntos de vista sobre la película. 
     Juan Antonio Bayona, hasta la fecha, tiene sólo una película publicada. Eso no es malo, ni mucho menos. El problema aparece cuando tu ópera prima (El Orfanato), enfocada hacia el cine de terror psicológico, te deja tan marcado, digo yo, que utilizas música y efectos sonoros (incremento del volumen) en una película que nada tiene que ver con el cine de miedo. Esto desorienta mucho al espectador, escuchando unos sonidos de agitación que históricamente ha notado en otro tipo de películas, no sabe si está viendo Psicosis o un drama familiar.

     Lo Imposible, por otro lado, puede herir la sensibilidad del público. Telecinco emite una retahíla de diversos reportajes, como juntar Naomy Watts con la verdadera María (personaje real en el que se inspiró en su guión Bayona), pero en ningún momento habla del impacto emocional que puede provocar está película en alguien. Como en las diez o doce personas que salieron de la sala de cine donde la vi, o como el niño de 10 años que, sentado tras mi butaca, lloraba desangelado en el minuto 25 del film. Él no lo sabía, ni los consuelos de sus padres, pero aún les quedaba trámite que pasar. Películas de catástrofes hay a montones, pero no hay tantas en las que los primeros 50 minutos sea sufrimiento físico constante de los protagonistas (La pasión de Cristo, véase). De nuevo, confusión, si voy a ver un drama familiar, bien, pero si es Walking Dead, avísame.
     Finalmente, para no extenderme mucho más, hablaré sobre marionetas. Una película que abarca un drama familiar, como he comentado antes, que afronta una crisis brutal de separación, dolor físico, miedo y demás condiciones que un ser humano puede sentir en esas condiciones, no necesita tirar de tanta escena ñoña artificial. Bayona provoca, inventa constantemente situaciones que afecten la sensibilidad del espectador, tratándolo de mero títere de su espectáculo. El público no es un títere, no merece sufrir cincuenta y siete escenas complacientes para aflorar la lágrima fácil. Porque de ésta forma pierden su valor, el fondo, quedan metidas con calzador.
     Me quedo (algo bueno debía tener Lo Imposible) con el interesante Ewan Mc Gregor, acertadísimo como siempre, así como las imágenes que recrean la vivencia de María bajo el agua, mientras el Tsunami le sobrepasa. Muy impactantes. Y poco más de esta película mediocre, que sin el presupuesto, promoción televisiva y reparto de actores hubiera quedado relegada a ser un simple proyecto en algún cajón de un guionista español.

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